4.1.12

Desordenada.

Podría escribir páginas y páginas enteras explicándote que te he echado de menos, que ha sido muy difícil llegar hasta aquí, que gracias a ti hoy soy más fuerte. Pero no. Prefiero (millones de veces) andar descalza hasta la cocina, beber un vaso de agua, y volver. Prefiero tirarme a la piscina con ropa. Prefiero, que sé yo, estar despierta debajo del árbol de Navidad esperando a Papá Noel. Prefiero (millones y millones de veces) sonreír. Porque sí. Porque me da la real gana. Prefiero ser feliz a estar escribiendo sobre ti. Porque ya me cansas. Y es en serio. Quiero estar así, desordenada, rara, como siempre. Quiero que aparezca alguien más. Quiero serlo todo o nada. Quiero ser extranjera en mi propia ciudad. Y después de sentir todo esto, tan sólo quiero tumbarme en la cama y decir -y creerme-: todo está (más que) bien.


Tengo una felicidad tan extrema que ni si quiera la puedo expresar.
*Laura.

2.1.12

Cada película que vemos, cada historia que nos cuentan, nos pide que creamos en ellas. El giro al final de la historia, la declaración de amor inesperada, la excepción a la regla. Pero a veces, estamos tan obsesionadas por encontrar nuestro final feliz que nos olvidamos de leer las señales. Las que diferencian a los que nos quieren de los que no; a los que se quedarán de los que se irán. Y es posible que ese final feliz no incluya al hombre ideal. Puede que, seas tú. Recomponiéndote y volviendo a empezar. Liberándote para algo mejor que puede haber en tu futuro. Puede que el final feliz sea simplemente, pasar página. O puede que el final feliz sea éste, saber que a pesar de todas las llamadas no devueltas, de todos los desengaños, las meteduras de pata, y las señales malinterpretadas. A pesar de todo el dolor y el bochorno, nunca perdiste las esperanzas.


De ¿Que les pasa a los hombres?
Creo que esta película me ha echo pensar. 
Al final del camino, a pesar de todo, serás feliz. 
No importa el cómo ni el porqué. 
Solamente lo serás y no habrá ninguna explicación más.