Gente, mucha gente. Gente de todo
tipo. Gente falsa, gente enamorada, gente preocupada, gente medianamente feliz,
gente que espera sin reloj a otra gente, gente que corre tras un sueño. Pero se
quedan en eso: gente. Nadie especial, nadie sincero, nadie. Sólo veo sonrisas
falsas, carcajadas forzadas. Nadie quiere estar en su situación, nadie quiere a
nadie. Silencios que matan, miradas furtivas. Más gente que pasa y, cómo no,
todos con la falsedad por delante. Se oyen unas risas, pero ninguna sincera. Me
quedo en una esquina. No sé qué hacer, no sé qué decir. Estoy sola, rodeada de
gente, pero al fin y al cabo sola. Una casi morena que ya se va. Ella, la única
que sigue aquí, conmigo. Sigo en un rincón. Las piernas me tiemblan. No les
tengo miedo, solamente hace mucho frío aquí afuera. Oigo unas voces. ¿Son para
mí? Efectivamente. Pero, como siempre, falsos cumplidos. Porque las solicitudes
para entrar en nuevo grupo se cerraron hace ya tiempo o, simplemente, me
echaron de ese grupo por no tener los requisitos adecuados. No me importa.
Además, mejor sola que mal acompañada. Si supieran la caja de sorpresas que
tengo que ahora mismo está cerrada, pero que algún día volverá a estar abierta,
se lo pensarían dos veces. Pero, claro, no voy a la moda. Se ve que ahora la
moda es de aparentar ser alguien que no eres. A mí, eso no me va. Soy como soy.
Palabras suplicando un simple perdón. Mi boca no cede, no les da lo que quieren
oír. Y mis pies son más rápidos y se alejan volando de este lugar dónde la
gente (que siempre se quedará en gente) sigue son sus vidas, sea cual sea esta.
Escapa, grita, siente tu voz. Pero nunca te sientas sola. Vales más que todos ellos.
*Laura.

