En
un intento de que la gente sonriera más, de que se miraran a los ojos lo unos a
los otros, y de que se apreciaran más los gestos y/o las caricias, el gobierno
dirigido por Christie Nothing, ha decidido que solamente se podrán utilizar 167
palabras por día.
Sinceramente,
confío en nuestra presidenta, sé que lo ha hecho para que todos seamos un poco
más felices y para que haya más sonrisas en este mundo porque, sinceramente,
hacen falta. No hago nada más que ver gente triste por todos lados y eso debe
cambiar.
La
verdad es que me estoy adaptando muy bien a este nuevo cambio. Cada mañana,
para saludar a mi hermano pequeño, en vez de decir ‘buenos días, pequeñín’ le
doy un besazo enorme en la frente y él ya sabe lo que le quiero decir. En vez
de decirle a mi abuela lo buena que estaba la comida, le doy un fuerte abrazo
y, automáticamente, ella sabe lo que significa.
Cuando
suena el teléfono me lo acerco a mi oreja sin decir ‘hola’. Cuando voy a
cualquier restaurante, solamente señalo a los macarrones. Nada más. No quiero
malgastar mis palabras con palabras sin sentido. Cuando
mi mejor amiga me explica cualquier desengaño amoroso que ha tenido (muy breve
y muy resumido) me mira a los ojos, la miro a los ojos y ella, estructurando mi
mirada, puede notar mi ‘lo siento mucho’ seguido de un fuerte abrazo.
Veo
que la gente también se está adaptando bien, como yo. Subiendo las escaleras
hacia mi casa cada tarde, veo a mis vecinos sentados allí. Sin hacer nada más:
tan sólo mirándose, aprovechando las pocas palabras que les quedan para decirse
cosas bonitas al oído. El otro día me fijé que ella le hacía una suave caricia
en la mejilla y que él le decía ‘yo también te quiero’. ¡Tienen su propio
código para decirse te quiero! Es una de las cosas más bonitas que he visto
desde que han puesto este cambio.
Bueno
no, miento. Lo más bonito que han hecho en este período ha sido lo que hace
cada noche mi querido amor. No vive en la misma ciudad que yo, pero donde vive
también se está aplicando esta nueva ley. Cada noche, tarde (muy tarde) me
llama y, con una sonrisa que no puedo ver me dice:
-Sólo
he usado 59 hoy. He guardado el resto para ti.
Le
explico, brevemente, cómo ha transcurrido mi día y me lamento diciéndole lo
mucho que le echo de menos. Él me hace preguntas breves y, cuando ya no le
respondo él ya sabe que se me han acabado las palabras y entonces (sólo
entonces) es cuando ocurre lo que más me gusta del día: me susurra dulcemente
‘te quiero’ 29 veces. Después
de esto me quedo estirada en mi cama con el teléfono en la oreja escuchando su
respiración.
Sé
que Christie Nothing ha hecho un buen trabajo. Gracias a ella, estos pequeños
momentos, se aprecian más, tienen más significado y, sobretodo, hace que la gente
se quiera más y tenga más cuidado con lo que dice. Pero aún así, lo más
importante es que la gente sonríe más porque, a falta de palabras siempre (siempre) nos quedan las sonrisas.
‘’¿Me
ayudáis a seguir sonriendo?’’
Este relato lo hice para un concurso de Christie Nothing y tenía muchas ganas de compartirlo con vosotros (la imagen también es de ella).
*Laura.

