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3.4.12

Ella tiene que volar.


Golondrina la llamaban y, es que en cierta manera, era como si lo fuera. Siempre arriba y abajo, de un lado para otro, pero siempre con una sonrisa. A Golondrina le querían romper las alas, dejarla tirada, casi muerta para no ver la sencillez en su rostro. Pero Golondrina era una chica lista, no se dejaba engañar por nadie y nunca, nadie, consiguió quitarle sus ganas de vivir. La vida le puso muchos impedimentos para ser feliz: separaciones, peleas, sufrimientos por todas partes. Pero ella, astuta y audaz, supo superarlo con unos cuantos días de bajón y después sonriendo como diciendo ‘’aquí no ha pasado nada’’. Golondrina sabía enamorar, Golondrina sabía cómo hacer que la extrañaran; unos ojos grandes, negros y un perfume embriagador. Pero cuidado: Golondrina no se debe enamorar, no hasta que el adecuado no llame a su puerta. Era especial, con sus manías, sus defectos pero eso la hacía única. Debes tener mucho cuidado con Golondrina: no muerde, pero pica. Si la haces enfadar abrirá sus alas y se abalanzará contra ti. Ella es libre, no tiene reglas; nadie la atará, ella tiene que volar. Golondrina es pequeñita pero la grandeza de su sonrisa es más potente que cualquier otro pájaro. Golondrina la llamaban y, es que en cierta manera, lo era.


Siempre vuela hacia arriba, nunca hacia abajo. 
*Laura.