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31.12.13

¡Adiós 2013, te voy a echar de menos!

Y, otra vez, vuelvo a estar aquí, en la misma silla que cada año, con estas gafas que tan poco me gustan y con mis dedos ansiosos por escribir. Quiera o no siempre voy a estar aquí al final del año, con mi banda sonora sonando de fondo y echando la vista atrás con nostalgia. Todos esos recuerdos me invaden, me atrapan, me piden que no los abandone pero también me piden que los recuerde con alegría.
Ahora es cuando leo mis propósitos y mis deseos para este año que ya se nos va y siento un remolino de sensaciones. Siento un poco de decepción conmigo misma por no haber cumplido todos mis propósitos pero también siento felicidad por haber deseado que sea un buen año y que se haya cumplido.
Está claro que todo, todo lo que ha habido en 2013 no han sido alegrías ni sonrisas por todas partes. También he tenido mis momentos malos, mis noches escribiendo a oscuras, mis canciones tristes. Pero sé que siempre, después de todo eso, ha habido una sonrisa con unas palabras bonitas y alguna que otra canción alegre.
Cómo leí una vez, la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado. Sé que siempre ganan los buenos recuerdos así que sí, se puede decir que he tenido un buen año.
La música sigue sonando y los recuerdos se van colando en mi mente para que me una a ellos una última vez.
Aparece una casi morena con rizos riéndose a más no poder. Sé que me cree cuando le digo que realmente soy yo cuando estoy con ella, cuando le digo que no me abriría tanto como con ella, cuando le digo que todas nuestras tonterías no las haría con nadie más. Sé que me cree cuando le digo que es la mejor amiga que se puede tener. Y sé que jamás dejaré de ser feliz los viernes por la tarde, casi todas las clases y todos los ratos que paso con ella.
Y nosotras seguimos riéndonos, nos metemos de lleno en nuestro mundo y aparece Roco. El día 18 ya no es un día cualquiera ni tampoco lo son los colores rojo y verde. Eso lo demuestra la pulsera que ambas llevamos en nuestras manos. Si me pusiera a contar todas las tonterías y todas las conversaciones y todas las miradas y todas las risas que ellos han causado, juro que no acabaría nunca. Ha habido veces que hemos tenido depresiroco, hemos escuchado música triste, hemos prometido que esa sería la última, que lo dejábamos para siempre y, cómo no, hemos roto esa promesa. Me alegro muchísimo de que así sea porque, aunque no sea real, es nuestra felicidad Laura, y eso es lo que más importa.
Y hablando de la felicidad que no es real… aquí aparece este perfecto desconocido que, ¡maldita sea! siempre tiene que aparecer. Él porque tenía un no-sé-qué que me encantaba. Él porque era un buen comienzo. Él porque parecía inseguro. Él porque no lo era y me desconcertaba. Él porque no me hablaba y, cuando lo hacía, parecía tonto. Él porque aparecía en el pasillo menos esperado silbando y sonriendo él solo. Él porque era imposible olvidarlo. Él porque volvió. Él porque no ha cambiado. Él porque no lo conozco. Él porque hace que escriba las letras más bonitas. Él porque solamente quiero la imposibilidad tan obvia de quererle.
625 km que separan nuestros cuerpos pero no nuestros corazones y que un día conseguimos derribarlos. El 22 de junio lo recuerdo con un sonrisa que no se borra y una abrazo que rompe barreras. La sensación de dejarlo todo atrás y correr hacia la persona que te entiende y te ayuda por muy lejos que esté es indescriptible. Pasamos una tarde estupenda caminando por las ramblas con sus amigas, contándonos anécdotas y haciéndonos fotos. Ojalá pudiera volver a esa tarde pero sé que, algún día, esa tarde se volverá a repetir y será muchísimo mejor.
Luego aparece Laia los martes y los jueves y no puedo evitar echarlo de menos ya que ahora nos debemos conformar con vernos algunos sábados. Nunca olvidaré lo buenas que eran esas clases a su lado, ni las risas, ni las bipolaridades, ni los abrazos, ni las fotos, ni las promesas. Adoro las tardes de verano en su piscina y las carreras para no perder el bus y la manera en la que odia a mi anillo y las fotos que tenemos en el mismo sitio.
Y, seguidamente, aparece Mireia sentada a mi lado en las clases de 3º. Cómo olvidar las veces que me llamaba ‘topo’, las veces que me consolaba por notas, sus locas ideas con Jake, los trabajos en los que lo bordábamos, haciendo tortilla, nuestros remixes… ¡Cómo olvidarlo! Aunque diga que no sabe cómo consolar, yo le digo que sí que sabe y mucho. No sé qué hubiera sido de mí durante las clases de 3º sin ella y sin los profes mandándonos a callar.
Y, por fin, hubo un día en el que estas dos chicas se conocieron. Tienen muchas cosas en común y, aunque a veces una hable mucho por el grupo que tenemos y la otra se vaya, se tienen aprecio (en el fondo, ¿a que sí?).
Más adelante aparece una Laura que se cae por la calle y que a las 2 de la mañana aún no tiene sueño. Las locuras que hemos llegado a hacer las 3 Lauras son, simplemente, indescriptibles. Nos gustó que se abriera con nosotras para contarnos sus más pequeños detalles y nos dio la confianza suficiente para contarle los nuestros a ella. Puede que a veces no pare de hablar de sus amores ficticios pero, en el fondo, nos hace reír con sus ideas de bombero. Somos Lauras, somos iguales.
Y, por fin, llegamos al 16 de marzo. Ojalá ese día no hubiera acabado nunca. Una camiseta con su cara y muchos, muchos nervios eran lo que llevamos al Palau Sant Jordi. Las sonrisas se podían ver a kilómetros, su música sonaba en todas partes y no podíamos haber ido con beliebers mejores. Una vez lo vi después de que el contador marcara 00:00:00 juro que me volví a enamorar de él. Canté ‘be alright’ y ‘fall’ con todo mi corazón y le prometí que jamás dejaría de creer. Fue el mejor concierto de mi vida.
Miro más cerca y me encuentro con miles de conversaciones en inglés con Sarah, mi compañera de intercambio. No podrían haberme escogido compañera mejor: siempre pensábamos lo mismo, siempre teníamos unas risas a punto de estallar, siempre teníamos unas palabras bonitas los martes de despedida. Fueron dos semanas con ella que no se me está permitido olvidar y que jamás querría hacerlo.
La música cambia repentinamente y siento que las personas y los momentos más importantes han aparecido tal y como quería y me dejan un sabor a felicidad. Ahora aparecen fugazmente pequeños momentos que, ni mucho menos, son menos importantes. Como siempre digo, mi gran felicidad está formada por felicidades chiquititas.
28 de enero y mi pequeña ahijada pelirroja nace. Sé que voy a quererla incondicionalmente. 6 de abril y la prima más valiente cumple 1 año. Todos los fines de semana en los que Andrea se ha quedado a dormir, todas las pequeñas visitas en las que nos volvíamos locas. Las mudanzas de los yayos, la tortilla de patata de la yaya y los consejos del avi. La semana de verano con mi padrinet y nuestras charlas. Los sábados en los que se madruga o los domingos en los que se come tarde sólo por ver a Iván jugar a futbol. El trabajo tan esperado después de dos años de esfuerzo de mi mama. Los trucos de magia de mi papa. Los primeros días de instituto en los que me rompo un dedo de la mano izquierda. La semana en la UNI con gente nueva estupenda. Carnaval disfrazada de Taylor, una chica que debería ser un chico y una noche de Lauras. Pelos rubios, morenos, castaños y, otra vez, rubios. Cartas los martes o cualquier día de la semana con fotos antiguas. Descubrir que el pelo rizado también me queda bien. Hacer tortilla y no ir al inglés por culpa de Laia y Mireia. Calzone el día de la primavera. Sant Jordi, un poeta y una firma de nuestro escritor favorito. ¿Te crees…? Tardes estudiando las pruebas Cangur. Nuestra pulsera y Roco. Primer picnic beyoncetico. Cameron e Ian. Las pelis que se ven los fines de semana en los que no hay que estudiar. Los libros que se leen cada noche aunque tenga que estudiar. Las canciones (nuevas y viejas) que se escuchan a todas horas. Promesas bajo el ‘compro oro’. La despedida al mejor profe de alemán del mundo. Caracoles en la semana del crédito de síntesis. Esquinas maléficas en las que te puedes encontrar a cualquiera. En San Juan somos brandoms chicas. 2 de julio y por fin, ¡¡tengo móvil!! Fin de semana en una casa perdida con unas personitas adorables. Pelis de verano y otra party hard de Lauras. Todo el verano me suena a canciones de Glee. Más picnics. Tardes seguidas en la piscina. ‘Bajo la misma estrella’ ha sido el libro del año. I’m fifteen. El día entero en Cadaqués con sus aguas cristalinas y sus paisajes hermosos. El coche que se estropea el día de antes de ir al pueblo. Tardes en Barcelona. Fracaso en la feria. Empezar 4º con Laura a mi lado. Encuentros los lunes, y los jueves son días marrones. Miércoles por la tarde en teatro. Los dieces en latín. La china de nuestra clase y el intelectual que tiene intuiciones. Volar por primera vez. Viajar a Alemania. Enamorarme de Haigerloch. Viajes en bus mientras suenan mil canciones con la chupipandy. Pasar una semana estupenda. Últimos días de cole que son buenos (aunque nunca pase nada). Navidades en familia y llenas de amor.
Todas y cada una de esas cosas son las que me hacen ser hoy quien soy, son las cosas que han pasado en un gran año y que, ni por un segundo, tengo pensado olvidar. Por eso lo plasmo aquí, en el papel, por sé que mis sentimientos son verdaderos y que la única forma de darles vida son aquí.
La música ha acabado, los recuerdos han cesado y, me atrevo a decir que, mi mejor año ha pasado delante de mí recordándome que jamás lo olvide. (Nunca lo haré, lo prometo).
Sé que voy a recordar estos momentos toda mi vida así que he decidido hacerlos bien. Estoy escribiendo la historia de mi vida y, de momento, me gusta mucho lo que llevo escrito.

2014, tan sólo espero que seas igual o mejor que este 2013.

(último atardecer del año)

Recordando y recordando me salen textos tan largos como este. Ha merecido la pena volver aquí para fin de año. Siempre siento que mis recuerdos van a estar a salvo aquí.
Espero que todo el mundo tenga una buena noche vieja y un muy feliz 2014. 
¡Vamos a por él!
*Laura.

3.6.13

'Todos somos polvo de estrellas.'


Una noche sin estrellas debe de ser muy triste. No es que la luna por sí sola no tenga belleza; sí que la tiene, y mucha. Ella es como nuestra madre: nos vigila, nos alumbra, nos guía el camino a casa. La luna siempre te mirará con una sonrisa y unos ojos bien abiertos queriéndote decir: ‘’ten cuidado, si te pierdes yo te encontraré’’. Siempre la he mirado con cierta ternura, con cierto cariño. Y es que, al fin y al cabo, ella está siempre ahí arriba, incluso cuando es de día.

Pero hay algo en las estrellas que las hace preciosas. Creo que son pedacitos de nosotros. Cada persona pertenece a una estrella. Cada persona tiene su lugar en el universo. Entre lo inimaginable y lo infinito. Quizá la estrella que está ahí arriba es la valentía que te falta para decirle al chico que te gusta lo que sientes. Quizá esa estrella es el coraje que no tienes para decirle a una persona ‘no’. Quizá es el romanticismo que te falta para conquistar a la chica de tus sueños. Quizá esa estrella es muy grande porque es la prepotencia o el mal humor o el estrés que te sobra. Quizá, poniendo de tu parte, puedas hacerla un poco más pequeña y disminuir tus defectos o, quizá hacerla más grande y eliminar tus inseguridades.

Pienso que, sin las estrellas, la luna no tendría la misma sonrisa de siempre y que la noche sería más oscura aún. Nosotros nos perderíamos sin ellas y ya no sabríamos diferenciar lo bueno de lo malo.

Cada vez que miras hacia ellas, es como si abrieras una puerta hacia el infinito. Puedes ser quién quieras ser, en cualquier sitio. Es como si te miraras en un espejo a ti misma, con la edad que quieras y en la situación que tú elijas.

Cada persona tiene su lugar especial para mirarse a sí misma. Mi lugar ideal, sin duda alguna, son las escaleras que conectan mi casa de verano con el resto del pueblo. Ahí es dónde puedo mirarme, juzgarme, cambiarme, construirme y deshacerme. Ahí es dónde puedo ser yo en cualquier momento de mi vida.

Esa noche abrí la puerta de mi vida y me vi a mí misma bajo las mismas estrellas. Estaba yo en el verano de 2010, en las mismas escaleras, con mi mejor amiga. Todavía oigo vagamente la melodía de las canciones que cantábamos, todavía puedo oler nuestros cuerpos recién salidos de la piscina. Recuerdo sonrisas en nuestros rostros, conversaciones estúpidas, felicidad extrema. Y una única promesa: amigas para siempre.

Miro un poco más cerquita y veo a 5 chicas en una noche de ‘fiesta de pijamas’ bajo las mismas estrellas. Esa noche no pareció una noche, sino un día más. 5 chicas que querían comerse el mundo hablaban sobre futuros perfectos y promesas jamás cumplidas. Tan sólo éramos eso: 5 chicas queriendo vivir. Los pasillos de nuestro instituto nos vieron conocernos, querernos, separarnos, pelearnos, volver a querernos y, finalmente, decirnos adiós. Los pasillos de nuestro instituto ahora se preguntan dónde estamos, qué hemos hecho con esas 5 chicas y por qué las hemos dejado escapar. Sólo las estrellas saben las respuestas a esas tan ansiadas preguntas.

Ahora, intento fijarme en la parte de la estrella que contiene el amor. Estoy yo, en una noche de Diciembre, abrazada a un chico que no tardó mucho en irse. Mariposas volaban cerca de las estrellas haciéndolas bailar de felicidad. Sus ojos marrones miraron hacia mi estrella antes de posarse en mis labios y, la estrella, guardó esa imagen para siempre. Ahora, puedo notar la diferencia entre la mirada enamorada de antes y la mirada indiferente de ahora.

Miro otra vez hacia la estrella y aparezco hace unos meses saltando de alegría al enterarme de que por fin podré abrazar a una perfecta desconocida (que conozco muy bien) después de miles de conversaciones, de risas y sonrisas detrás de la pantalla de un ordenador y después de 652 km separadas. 

Miro más cerca aún y mi estrella me recuerda la sonrisa de hace unos meses al encontrarme de casualidad a un perfecto desconocido en los pasillos de mi instituto. No le sonreía a él, sonreía a mi estrella por recordarme que puedo encontrar mi felicidad en un sitio como ése.

Después de recordarme quién soy, me incorporé y me senté otra vez en las escaleras de mi pueblo. Siempre que me siento perdida y sin rumbo alguno vengo aquí. Es una buena forma de recordarme a mí misma las pequeñas cosas que me hacen feliz. Cada vez que miro mi estrella me doy cuenta de que, en el fondo, no he cambiado. Cuando me sienta perdida siempre estará ella para recordarme quién soy y quién no soy, por qué estoy aquí y por qué, más tarde, volveré a estarlo.

Cada persona pertenece a una estrella. Cada persona tiene su lugar en el universo. Entre lo inimaginable y lo infinito. Algunas brillarán más, algunas brillarán menos pero, al fin y al cabo, todas brillan. Todos tenemos ese centellante brillo en los ojos parecido al de las estrellas, todos dejamos esa estela al pasar al igual que hacen ellas. Todos convertimos en magia nuestra sonrisa al recordar un momento feliz.

Un mal día lo puede tener cualquiera pero las estrellas, como buenos almacenes de momentos felices que son, sólo recuerdan los pequeños detalles, las sonrisas inesperadas y la felicidad verdadera. Recuerda: todos somos polvo de estrellas. 



Sonrisas al recordar lo que un día fui y sonrisas al esperar lo que un día seré 
(y que, obiamente, escribiré para vosotros).

Lo sé, es un poco largo pero es debido a que es el relato que quedó en 2ª posición del Concurso Literario de mi Instituto. 
Si ha quedado en esa posición supongo que es porque vale la pena leerlo:)
*Laura.

30.12.12

Dos (grandes) años.


 Sentada en la misma silla chirriante de hace dos años, intento imaginar el futuro que nos depara. Sé que no será igual a cómo yo me lo imagino pero espero que se acerque. Puedo oler un futuro lleno de magia, de amor, de esperanza. Un futuro que me hará más feliz, un futuro lleno de cambios maravillosos. También me llega el olor del perfume que he llevado estos dos últimos años y no puedo evitar acercarme a él. Es como si ese olor contuviera demasiadas sonrisas como para pasar desapercibido. Pero que no, que no tengo suficiente con lo que he vivido. Quiero más. Lo anterior me sabe a poco.
 Con la banda sonora de estos dos últimos años de fondo puedo recordar (y tocar) todo lo vivido anteriormente.
 Mi querido Diciembre es el primero en aparecer. Dejémosle aparecer el primero y así, después, su sabor agridulce no será tan amargo. Sonrisas en mi rostro cada vez que el señorito Diciembre me llamaba. Y sonrisas más amplias al estar a su lado. Pero ¡oh! que tenemos aquí: una llamada de teléfono terminada con un hasta siempre. Sí, mi querido Diciembre, siempre te recordaré muy a pesar de las lágrimas que siguieron dos meses más tarde.
 Pero bueno, veo que llegan tres señoritas muy amables y no, no me ayudan a levantarme: se sientan conmigo y me hacen reír ¡vaya si me hacen reír! Aún así sigo pensando en mi casi morena que es la que más sonrisas me saca.
 Llega el verano y con él la libertad, la felicidad infinita, los amores enloquecidos. Son tan enloquecidos que no llegan ni siquiera a ser amor. A pesar de todo, mi mes menos favorito (Agosto) me hizo sonreír y se lo agradezco.
 Aparece un nuevo curso, un nuevo futuro y acaba destrozado a más no poder. Las tres señoritas de antes se separan, se pelean, se odian, se vuelven a querer y, finalmente, se dicen adiós. Mentiría si dijera que no me dio pena nuestro final pero es que la situación no daba más de sí. Todas cambiamos, unas para bien y otras para mal, así que nuestro final, al fin y al cabo, era más que esperado.
 Sé que aún me queda (y me quedará siempre) mi casi morena con una sonrisa de oreja a oreja. Las risas que provienen de todos los viernes por la tarde de 3 a 7 son risas de felicidad. Creo que las puedo oír y me uno a ellas. Todas las fotos, todas las canciones, los textos, las cartas, los libros, las pulseras, todo, son lo que más me ha gustado de estos dos años. Esa sonrisa y esos ojos marrones han estado ahí incondicionalmente, pasara lo que pasara. Y me alegro de que sea ella la única que siga aquí, conmigo.
 Los meses siguen y las personas van y vienen. Unos amores a través de la pantalla del ordenador y varios desconocidos son los que me sacan las sonrisas que huelen a amor. Pero que luego son decepciones y al corazón no le importa.
 625 km que separan nuestros cuerpos pero no nuestros corazones. Esta rubia más mayor que yo es la que me entiende a través de una pantalla. Sus comentarios y nuestras conversaciones son el motivo de mi sonrisa cuando estoy en esta silla chirriante. Sé que algún día la podré abrazar y podré decirle, al fin, que fue lo mejor que me ha pasado en meses.
 Luego están L y M, esas locas que no se conocen de nada pero que tienen tanto en común. Sangre catalana corre por sus venas y el inglés lo dominan a más no poder. Dos locas que me han sacado sonrisas con cosas tan simples como la palabra topo o los miércoles de verano en nuestras casas.
 También están mis pequeñas princesas y mi princesa mayor (mis primas). Ellas son las cosas más bonitas que existen. Las tardes con ellas o los largos findes de semana son lo mejor. Sus sonrisas inocentes transmiten una felicidad tan extrema que hacen que sonría yo también. Y qué decir de las comidas familiares. Las risas están aseguradas y verlos todos tan unidos (muy a pesar de todo) me hace feliz. Las tardes con mi tete que, a pesar de que me enfade con él, lo quiero mucho y quiero seguir riendome con él sobre cualquier tontería.
 6 de abril fue la fecha más esperada de todas. Fue la fecha en la que cumplí mi primer sueño, el más grande de todos: verle en concierto. Y así fue. Pero esto no se acabó ahí: ¡16 de marzo, voy a por ti! Aunque no tengamos el mejor sitio en el que verlo, sé que ahí vamos a estar bien, que vamos a cantar y gritar y bailar y cumplir nuestro sueño igualmente. Lo sé porque nos acompaña una belieber y una swiftie que, en pocos meses se ha ganado nuestra confianza y es igual que nosotras: mi (segunda) Laura. La quiero, nos comprende y se puede hablar con ella de todo.
 Los demás momentos de estos dos últimos años son cosas sueltas pero, ni mucho menos, menos importantes. Son cosas que no tienen ni pies de cabeza pero que están ahí, haciéndome sonreír cada vez que las recuerdo.
 19 de junio y un único CD: Believe. Ha crecido, nosotras con él, pero la esencia de su música sigue siendo la misma. Sus letras y su voz es la única capaz de tocarme la fibra sensible. 22 de octubre y las canciones escuchadas en 1 hora y media. All too well y Come back, be here ya forman parte de mi, están incrustadas en mi ser. Ed Sheeran es un pelirrojo muy guapo que con su dulce voz y sus románticas canciones enamora a cualquiera. Skins es una serie que, aunque no sea adecuada para nosotras (cuando hablo de nosotras hablo de mi casi morena y yo), la hemos visto igualmente hasta el final. La emoción de cada capítulo y las personalidades de cada personaje hacen de ella una serie especial. Los Juegos del Hambre es la mejor trilogía que existe. Con estos tres libros he reído, he llorado, me he emocionado y me he sentido parte de una rebelión. Todos y cada uno de los libros (que no son pocos) han hecho de mí la medio-escritora que soy hoy. Todos ellos me han enamorado y me han quitado el sueño y me han hecho ver cosas que nunca podría haber visto sola.
 Las películas, los textos en el blog, las canciones nuevas jamás escuchadas, las pequeñas frases que se dicen sin pensar pero que tienen un gran significado, los perfumes, las fotos en Narnia, los collares regalados, los CD’s, las clases divertidas en el instituto, las horas estudiando, los trabajos en grupo, las amistades fuera del instituto, las gomas prestadas, los mensajes, las llamadas, los pintauñas, las noches fuera de casa, las historias inventadas en mi cabeza, los abrazos a cualquier hora del día, las conversaciones de mesa a mesa (y eso que estamos lejos), las clases locas de Alemán, los terribles (y magníficos) miércoles por la mañana, los sábados en los que se madruga sólo para ver a Iván chutar la pelota, las tardes por Barcelona, los cumpleaños, las fechas con recuerdos incrustados, las personas que ves en sitios inimaginables de casualidad, los perfectos desconocidos que se tiñen el pelo y que su mirada me recuerda a la mía, todos los te quiero… Todas y cada una de esas (pequeñas) cosas son las que me hacen ser hoy quien soy, son las cosas que han pasado en dos años y que, ni por un segundo, tengo pensado olvidar. Por eso lo plasmo aquí, en el papel, por sé que mis sentimientos son verdaderos y que la única forma de darles vida son aquí.
 La música ha acabado, los recuerdos han cesado, mis dos mejores años han pasado delante de mí en un segundo y me siento orgullosa. No me arrepiento de nada, soy feliz teniendo los recuerdos que tengo.
 El olor embriagador del futuro me envuelve en sus brazos y sé que todavía quedan muchas sonrisas que coleccionar, miradas que enamorar, almas que tocar, palabras por pronunciar, por escribir, por pensar, canciones que escuchar, momentos que recordar, labios que besar, mejores amigas que abrazar, lágrimas que derramar, libros que comprar, que leer, que escribir, conciertos a los que asistir, voces que escuchar, que descubrir, que admirar, personas a las que pintar, lecciones que aprender, relatos que memorizar, veranos, inviernos, otoños y primaveras que vivir, errores que cometer, preguntas que formular, respuestas que dar. Quedan todavía muchas cosas por vivir.
 Estas experiencias vividas seguirán siempre en mí, pase el tiempo que pase, o sea, siempre.


Espero que tengáis un feliz año 2013 y espero que este año sea mejor para todos porque, la verdad, nos lo merecemos. Me alegra pasar otras Navidades con vosotros, bloggers. Gracias.

Adiós 2012, ¡nos veremos en mis recuerdos!
*Laura.

10.11.12

'This daydream is dangerous.'


 Hace frío. Las cortinas bailan al ritmo del aire. El sol parece querer colarse por la ventana pero la oscuridad se lo impide. Las estrellas salen a lucirse mientras que una luna atenta las protege. Mi pelo también baila y tú lo guías. Un mechón se revela. Tú te ríes, yo me enfado. Pero enseguida tus brazos están alrededor de los míos y el mundo cobra sentido. Recuerdo que habíamos puesto mi CD favorito. Oigo la música muy lejana, como si no formara parte de esta habitación. No sé qué canción está sonando.

 Pero me gusta.

 ¿Recuerdas esas tardes de domingo bailando sobre el frío suelo de tu habitación? ¿Y si bailamos hasta destrozar nuestros pies? preguntaste. Y eso hicimos. Ese recuerdo está lleno del dulce sonido de tu risa y de la imagen de tus hoyuelos cerca de mí. Ahora ríes. No sé porqué pero lo haces. Y no tengo más remedio que reír yo también. Impregnas felicidad por allí donde pasas.

 Felicidad.

 Creo que es ese sabor a eternidad. Esa mirada de ojos que enamora. O, tal vez, el estar simplemente a tu lado. Ahora, tu cálida mirada atraviesa la mía como si la quisiera devorar. Entiendo lo que quiere decir pero me hago la desentendida. Te acercas, me miras, te siento, me hipnotizas. Juegas con mis manos, observo tu sonrisa, ¿por qué no me besas ya? preguntas, porque no quiero que este momento se desvanezca nunca digo tímida. Esperanza, miedo, amor, felicidad. Todo esto y más pasa en forma de escalofrío por mi nuca en un segundo.

 Es ahí cuando te beso (es ahí cuando el mundo deja de existir)

 Palabras susurradas al oído, manos distraídas, labios descontrolados. Tu nombre hace eco en mi mente y tu sonrisa en mi alma. Nos sentamos en el suelo que tantas sonrisas ha visto. Respiro, respiras. Te quiero, me quieres. Te abrazo, no me dejes ir. Ya te echo de menos y sólo estás a trece centímetros de mí. Sonríes, tu sonrisa se me contagia. Te lo he dicho miles de veces: impregnas felicidad por allí donde pasas. Y entonces pronuncias las mejores palabras que existen:

-Te quiero.
-Sí, lo sé, pero yo te quiero más.
-Lo sé…

 De repente, el mundo se para y, confusa entre tantos pensamientos, tantas palabras nunca dichas, desapareces como si de un chasquido de dedos se tratase. Sin avisar, sin razones. Es ahí cuando despierto. ¿Cuándo te fuiste? No entiendo nada, nunca estuviste. Intento aferrarme a ese sueño, me cuesta recordar, cada vez te desvaneces más. Polvo, vista borrosa y, finalmente, oscuridad. Ya no estás. Solo ha sido un sueño, un magnifico sueño. Igualmente está incompleto. ¿Quién eres tú? susurro agotada. Así que, donde quiera que estés, te digo que te estoy esperando aquí, en la habitación donde tantos momentos (infinitos) pasaremos.


(lo sé, son palabras locas y desordenadas. 
pero necesitaba quitarme esta descabellada idea de la cabeza. 
es diferente y, quizá (sólo quizá), yo también lo sea.
gracias a mi 'little darling' por completar mis ideas. te quiero.)

''I talk about you like you put the stars in the sky.''
*Laura.

2.3.12

Promesa de vida eterna.


Soy fan de ti. De ti y de tu forma de hablar, de cómo pones esas voces tan extrañas que me hacen reír. Fan de tus mil y una caras, de tus gestos al hablar, de cuando te ríes con la boca abierta. Pero sobretodo soy fan de tu sonrisa. Me invade una felicidad tan extrema cuando sonríes, que no me queda otro remedio que sonreír yo también. Soy fan de ti y lo seré siempre. Hagas lo que hagas, digas lo que digas, seré tu fan número uno. Eres una de esas personas que cuando llegan a tu vida sabes inmediatamente que  serán especiales, serán una de las 4 perlas de tu vida. Tú eres la primera y seguro que serás la más especial. Tu sonrisa es la primera de mi colección, tenlo por seguro. Incluso cuando tenga mil años, tú y tu sonrisa, sin duda, habréis sido esenciales en mi vida. Yo, tan sólo quiero que esto dure para siempre, sin interferencias de por medio, sin fecha de caducidad. Tampoco quiero que esto tenga que tener un contrato por obligación ni una amistad basada en la falsedad. Sólo quiero que sea así, simple, sencillo, bonito. Con un toque mágico de locura y muchas, muchísimas gotitas de amor. Tú, loca irremediable, me buscas con la mirada y me encuentras. Yo, loca y temblorosa, te sigo sin mirar adónde piso. Sé que me guiarás, que no dejarás que me caiga, que me avisarás cuando el cielo se pinte de negro, que me dirás ‘’te lo dije’’ y que yo, tonta y avergonzada, te daré la razón. Porque será así, ahora y siempre. Hace muchos años hicimos una promesa, una que juramos uniendo nuestros pequeños meñiques. De momento se está cumpliendo. Y sí, quiero quitar ese de momento porque sé que se va a cumplir. Hace poco hicimos otra promesa, más madura, más real. Sólo era una excusa para que no te olvidaras de que dentro de 10 años tenemos que seguir igual que ahora. Yo, poniéndote nerviosa cada dos por tres, y tú, emocionándote al final de cada evento. Sé que esto no nos pega, que lo nuestro es hablar por hablar y sentir las cosas en su momento. Pero recuerda: esto es una promesa de vida eterna. Porque cuando sea mayor nunca olvidaré esos viernes por la tarde tan locos y fantásticos, ni olvidaré las veces que he llorado de la risa por tu culpa. Esto es muy grande y siento que, por primera vez, pertenezco a algo gracias a ti. Sigo siendo fan de ti y creo que cada día me das más motivos para seguir siéndolo, para creer en ti. 


Tú y yo el equipo perfecto. Tú y yo, únicas e irrepetibles. Tú y yo. Solamente tú y yo.
*Laura.

23.11.11


Tú nunca te disfrazas, eres como eres, y así me gusta, tan diferente.
 













FELICIDADES!

7.10.11

Tú.

¿Lo mejor? Ser feliz sin motivo. Y tú me haces sonreír. Porque ''When you smile, I smile.'' Porque eres mi mejor amiga. Porque contigo me olvido de todo. Porque me pones los pies en la tierra. Porque eres . Y nunca habrá nadie como tú. Porque eres perfecta para mí. Porque nuestras tonterías nunuca nadie nos las quitará. Porque hemos vivido muchos momentos juntas. Y espero, y estoy segura, de que pasaremos muchos momentos más. 
Te quiero demasidado! L;L!♥ Siempre!

*Laura.